LA POLÍTICA ELECTORAL, EL DESAFÍO DE CONSTRUIR UNA IZQUIERDA ALTERNATIVA Y LA NECESIDAD DE LA UNIDAD EN LAS LUCHAS COTIDIANAS (en respuesta a las propuestas de Pueblo en Marcha)

Durante el transcurso del año pasado hemos encarado, a propuesta de ustedes, una serie de reuniones con el objetivo de alcanzar un acuerdo que nos permitiese intervenir en la disputa electoral de este año en forma conjunta. Desde nuestra primera reunión hemos establecido con franqueza y la mayor claridad posible los criterios de intervención que desde AyL venimos sosteniendo y que surgen de la necesidad -que vemos imperiosa- de construir herramientas políticas de una izquierda clasista y anticapitalista pero claramente alternativa a la tradicional en lo que hace a la autoorganización y autoemancipación de los trabajadores y del pueblo en la construcción del poder necesario para derrotar al capital. Promover, alcanzar y defender esa autoactividad, es decir, apostar a la autodirección obrera y popular, son para nosotrxs los desafíos estratégicos a lograr en la batalla por construir el socialismo y la razón de existir de una izquierda alternativa. Consideramos que responder a esa necesidad implica no sumarse ni confundirse con los criterios clásicos ya instrumentados de vanguardias que se postulan para dirigir procesos, y además, postularse como alternativa categórica y decidida a combatir esos caminos para que en su reemplazo emerja una fuerza política basada en esa autodirección obrera y popular. De allí es que, a la par de establecer con claridad posiciones programáticas anticapitalistas y denunciar todo el entramado institucional burgués, en particular su sistema de representación, creemos que las campañas electorales son una oportunidad inmejorable y obligatoria para promover la necesidad de las luchas extraparlamentarias, acentuando, al mismo tiempo, la importancia del carácter auto-organizativo que pensamos deberían tener esas luchas, o defendiendo, ejemplificando y difundiendo aquellas que ya lo tienen. Estas posiciones y criterios, que son exactamente las mismas por las que peleamos todos los días independientemente del calendario electoral que nos impone la burguesía, se enmarcan en un momento histórico que nos desafía a ser cada vez más disruptivos, entendiendo que ese desafío nos exige a tomar lo mejor de las tradiciones políticas y de las luchas del movimiento obrero a lo largo de la historia para ponerlo al servicio de construir caminos claramente alternativos, empujando el protagonismo de trabajadores y pueblos tomando en sus manos y en sus decisiones los senderos de una lucha auto-emancipatoria. Para nosotros la unidad no puede significar una unidad formal o meramente electoral -como lo es para las agrupaciones de la izquierda clásica- sino que tiene que ser parte de un proceso de debate profundo y honesto de nuestras diferencias hacia un camino de integración, por más complejo que pueda ser este recorrido.

Creemos que vivimos tiempos apasionantes para aportar en la construcción de estos nuevos caminos. Numerosos ejemplos, embrionarios pero potentes, que avanzan, retroceden y vuelven a avanzar, muestran que muchas de las distintas luchas de los pueblos en el mundo los intentan recorrer. Ayer fue La Primavera Árabe, los Indignados de España, las multitudinarias manifestaciones en Grecia llenando la Plaza Sintagma, el movimiento Occupy Wall Street o las impresionantes manifestaciones de Hong Kong; hoy es la lucha en Ayotzinapa y la experiencia de gobiernos autónomos en el estado de Guerrero o el proceso riquísimo y combativo de los trabajadores y jóvenes en Grecia. Todas luchas que nos van marcando el pulso de un tiempo distinto, un tiempo donde la brecha entre gobernantes y gobernados, a mayor o menor ritmo, se va profundizando; donde los pueblos comienzan a hacerse presentes y protagonistas de los procesos históricos cuestionando, todavía embrionariamente, la cultura tradicional que implica apelar a voceros esclarecidos, líderes, caudillos o partidos que nos guíen en el camino. No son ejemplos aislados, al menos no creemos que lo sean, o en todo caso depende de los pueblos que no lo terminen siendo. Existen muchos vasos comunicantes entre esas luchas y las nuestras, las del “que se vayan todos”, las de las asambleas ciudadanas que pelean contra la megaminería, las que enfrentan a Monsanto en Córdoba. A lo largo de la historia ha habido muchas experiencias que remiten a la “unidad de la izquierda”, en general todos acuerdos limitados a lo electoral y que, aunque se presentan como logros unitarios, no prima en esos acuerdos ninguna voluntad real por construir caminos de integración.

A la luz de todo esto es que vimos, en ese primer comunicado que nos hicieron llegar, desafíos y objetivos comunes, reconociendo en él muchos de los criterios de intervención que nosotros venimos sosteniendo: “No vamos a las elecciones para simplemente disputar cargos, sino para tensionar las lógicas delegativas que nos propone este Estado. Creemos que es necesario intervenir en la institucionalidad para cuestionarla, no para adaptarse a ella” (…) Si vamos a elecciones, creemos que debe ser para interpelar y cuestionar la lógica delegativa de la democracia representativa. Aspiramos, entonces, a una construcción electoral que propagandice, difunda y promueva la auto-organización del pueblo trabajador, cuestionando la lógica misma de las elecciones”. “Entendemos, en cambio, que el pueblo trabajador sólo podrá emanciparse auto-organizándose y creando poder popular”. Compartimos estos mismos objetivos de lucha, pero vemos que el reciente llamado de Pueblo en Marcha a la unidad electoral en donde incluyen al FIT, al MST-Nueva Izquierda y a Patria Grande lejos de potenciar esta pelea la obstaculiza, o directamente la contradice. No solo por el carácter contradictorio que implica hacer un frente electoral con una izquierda por nosotros cuestionada, lo que de por sí llevaría a erosionar la potencia de nuestro propio discurso, sino especialmente porque implicaría -en las actuales condiciones en las que se daría eventualmente algún frente electoral como se propone- poner nuestras fuerzas directamente al servicio del fortalecimiento de aquellas agrupaciones y de esos caminos clásicos que, como ya expresamos, son experiencias con las que disputamos y frente a las que es necesario construir alternativas.

A esto se agrega además que esa posibilidad frentista fortalece también los métodos con que la izquierda tradicional realiza alianzas de este tipo. Coincidimos con ustedes en la importancia de la “unidad de la izquierda”, no solo eso, estamos convencidos que tiene que ser un esfuerzo de todas nuestras agrupaciones alcanzar ese objetivo, pero ¿qué entendemos por “unidad”? Para nosotros la unidad no puede significar una unidad formal o meramente electoral -como lo es para las agrupaciones de la izquierda clásica- sino que tiene que ser parte de un proceso de debate profundo y honesto de nuestras diferencias hacia un camino de integración, por más complejo que pueda ser este recorrido. Esto es para nosotrxs un aspecto central que quisiéramos remarcar y también poner en discusión porque hace a nuestro camino exploratorio, a nuestra búsqueda por nuevas formas de intervención en la disputa política general y en la electoral en particular. A lo largo de la historia ha habido muchas experiencias que remiten a la “unidad de la izquierda”, en general todos acuerdos limitados a lo electoral y que, aunque se presentan como logros unitarios, no prima en esos acuerdos ninguna voluntad real por construir caminos de integración. De allí que nos parece importante poder reexaminar este camino, poder reflexionar en torno a las muchas desilusiones que generan y generaron sus posteriores rupturas. Esto es, reflexionar si esas rupturas son propias de “errores” en la aplicación y ejecución o si más bien tiene que ver con una lógica interna de esos mismos acuerdos. Nosotros claramente nos inclinamos por esto último. Al no tener objetivos de unidad y de integración son frentes que se conforman sobre la base de lo que cada partido entiende que le sirve para sí y su propio crecimiento, mientras trata, al mismo tiempo, que no le sirva, o le sirva menos, a su o sus aliados frentistas con los que en realidad compite. Creemos que un acuerdo electoral en donde intervienen agrupaciones que buscan fagocitarse entre sí para construir su propia organización contiene un vicio de origen que descarta y excluye los caminos de integración. El llamado a la unidad que hoy está planeado en la izquierda –cuyo lugar central ocupa el FIT– y que ustedes plantean en su comunicado, nos parece que no escapa a esta misma lógica. Así queda expresado por algunos candidatos del mismo FIT al calificar al Frente de Izquierda y de los Trabajadores de “oportunista” (…) en donde “cada uno viene por su conveniencia” y en el que una vez dentro parecería que “no te podés ir. El suicidio existe, pero a nadie le conviene”. ¿No es poco más que ficción la unidad de la izquierda sobre estos parámetros y con agrupaciones que acuerdan electoralmente pero que nunca dejan de priorizar su propia construcción en desmedro de la otra? A las diferencias de objetivos (construir direcciones de la clase obrera o empujar procesos de autodirección obrera y popular) se suman, entonces, propuestas de “unidad” que no son tales y que duran lo que dura la caracterización de los partidos que las conforman, es decir, si ese frente le sigue sirviendo o dejó de servirle a cada uno de ellos para su propia construcción. [..]algunos de los que hoy en la superestructura política se jactan de llamar a la “unidad” son los que en las luchas priorizan su propia construcción, dividiendo así las fuerzas aún a riesgo de debilitar las propias luchas obreras o populares
A todo esto habría que agregar, además, que este llamado a la unidad de PenM incluye destinatarios con los que ha habido profundas diferencias políticas alrededor de procesos importantes de la lucha de clases. Lo que lleva a preguntarse respecto a la verdadera potencia que podría llegar a tener la unidad de las distintas expresiones de la izquierda al dejar de lado esas diferencias, sin discutir posiciones con quienes estuvieron, por ejemplo, con la Mesa de Enlace, o que acordaron electoralmente, o acuerdan aun, con sectores como los encabezados por Lozano y De Gennaro. A los que se sumarían fuerzas que admiten realizar “acuerdos por conveniencia” y que solo los estarían manteniendo antes que “suicidarse” políticamente. Para nosotrxs, dejar de lado estas diferencias para “tomar lo que nos une” forma parte de los caminos ya recorridos y que llevaron a muchas frustraciones, independientemente de que esas experiencias hayan tenido cierto crecimiento coyuntural (fundamentalmente en votos). Creemos que no podemos trasmitir posiciones confusas al pueblo trabajador respecto de la necesidad de construir herramientas anticapitalistas alternativas a estos criterios que no compartimos y con los que debemos confrontar con claridad y firmeza. Sumarse al FIT o hacerle propuestas de unidad electoral lo vemos como lo opuesto a este objetivo. Con esto tampoco queremos decir que propiciamos unidades solo con aquellos que podamos iniciar caminos de debate y prácticas en común con el objetivo exclusivo de arribar a un terreno donde se borren las diferencias y reine un pensamiento único, monolítico. Por el contrario, creemos en el valor de las diferencias para potenciarnos en los muchos y grandes desafíos que tenemos por delante. Pero, justamente, si hay algo que no está planteado en las agrupaciones hoy llamadas a la unidad es el enriquecimiento a partir de esas diferencias; por el contrario, estas son consideradas como un claro motivo de descalificación del aliado, reafirmando lo que es el principal objetivo de estas agrupaciones: el fortalecimiento para el propio crecimiento. Precisamente de este recorrido es que hoy nos apartamos y ponemos en discusión. Lo hacemos en la actual situación, con la propuesta de unidad hacia este FIT y con la izquierda que se menciona y se incluye en la propuesta. Lo evaluamos coherente en las condiciones políticas en que se da esta propuesta o se podría concretar en su caso. No descartamos otro debate en condiciones diferentes, o respecto de otros movimientos políticos de la izquierda tradicional que eventualmente se ubiquen de otra forma o en un marco eventual en el que viéramos la posibilidad real de potenciar este camino de construcción alternativo y contracultural que no deja de desafiarnos a cada paso. No obstante, no es lo que vemos en la actualidad con esta propuesta. Y en esa discusión es que no dudamos en afirmar que al final del camino el valor más importante que le vemos a la “unidad” es el de potenciar procesos de auto-organización popular, de auto-actividad de la clase trabajadora y de construcción de poder desde abajo.
Mientras tanto sí vemos que es de primer orden la unidad en las luchas. Ahí sí vemos un carácter mucho más instantáneo para la unidad y la misma urgencia que expresan ustedes de llevarla adelante y promoverla. Lamentablemente, algunos de los que hoy en la superestructura política se jactan de llamar a la “unidad” son los que en las luchas priorizan su propia construcción, dividiendo así las fuerzas aún a riesgo de debilitar las propias luchas obreras o populares.

En cuanto a los próximos desafíos, pensamos que va quedando atrás una etapa donde los sectores dominantes, políticos y económicos, contaron con enormes recursos para sostener una histórica rentabilidad empresaria de la mano de mejoras parciales y transitorias de los sectores populares, lo que tuvo como saldo la contención del nivel de conflictividad social y de las luchas que llevaron a la caída de De la Rúa y el inicio de una etapa caracterizada por una crisis de representación política, solo revertida parcialmente por el gobierno kirchnerista. Creemos que la perspectiva para lo que viene es diferente. Con una caída de la actividad económica en los últimos años, el descenso de los precios de los granos que no parece se vaya revertir en lo inmediato, los pagos de Deuda futuros, un debilitamiento institucional que no cesa, entre otras cosas, limitan la capacidad de maniobra política de la burguesía que sigue sin encontrar una alternativa de gobierno fuerte para encarar la próxima etapa (lo que habla precisamente de la crisis de representación imperante). De este modo, no sería de extrañar que se desarrolle una etapa de agudización en la luchas de clases y, como consecuencia de ello, de enormes desafíos para la clase trabajadora. Allí será imprescindible la unidad en la acción más allá de diferencias como las mencionadas. Habrá que pelear por ella. Y allí también vemos que será fundamental la auto-organización de los trabajadores para enfrentar el avance del Capital. Allí vemos también el valor de nuestra próxima intervención electoral: potenciar la auto-organización para las luchas que vienen.

A pedido de ustedes les hacemos llegar esta devolución con la cordialidad y franqueza que hemos intentando transmitir todas nuestras opiniones. Con la seguridad de saber que sólo de un modo pueden construirse caminos de integración reales: discutiendo las diferencias. Así lo hemos intentado hacer durante todo el año en reuniones dónde surgieron modos distintos y valoraciones diferentes sobre aspectos políticos muy importantes como el del rol del Estado en la lucha anticapitalista. Allí donde ustedes ven un “Estado ampliado” cuya “forma” es “resultante de una correlación de fuerzas”, nosotros vemos el riesgo de caer en los mismos resultados a los que condujeron las muchas experiencias históricas que, a pesar de proponerse transformaciones de orden sistémicas, terminaron encorsetando su capacidad y potencialidad revolucionaria. No creemos que este sea un debate saldado ni mucho menos, pero entendemos que entre los muchos desafíos que tenemos por delante está el de reexaminar una idea que costó cara a la lucha de los pueblos en el mundo: la de construir poder dentro del estado; porque a pesar de que a la construcción “dentro” se la acompañe de “fuera” y “contra” el Estado, las experiencias históricas han mostrado que la primera termina fagocitando a las últimas dos. No es casual que, a la luz de estas diferencias, hayan surgido también durante el transcurso de nuestras discusiones valoraciones distintas respecto al proceso bolivariano. Frente a las expectativas que ustedes han mostrado respecto a este proceso y al que lo han calificado como “una experiencia y práctica concretas, una idea de por dónde podría llegar a pasar, en las condiciones actuales, una eventual disputa socialista en Nuestramérica”, y frente a lo que ustedes observan como un modo de “articular construcción de poder popular con la generación de rupturas parciales desde el seno del Estado, de parte de un gobierno popular antiimperialista con aspiraciones socialistas, conquistado por la vía democrático-electoral”, nosotros vemos que de no mediar un verdadero poder desde abajo y contracultural del pueblo trabajador construido, precisamente, en el desarrollo de luchas independientes del Estado y contra el mismo, de no emerger una conciencia popular que rompa definitivamente con la tradicional dependencia que implica estar al amparo de un líder, un caudillo o un partido que, abroquelado en el poder del Estado, decide qué pasos dar y cuáles no para la construcción del socialismo, difícilmente pueda –el proyecto bolivariano– desembocar en algo diferente a lo que han conducido las innumerables experiencias históricas que terminaron feneciendo sin superar los límites del reformismo.
Esperamos sinceramente que las diferencias que quedaron plasmadas a lo largo del año pasado y aquellas que tienen que ver con lo estrictamente electoral no sean más que nuevos y mejores motivos para decidir sin tardanza intervenciones conjuntas en las luchas de nuestro pueblo y seguir con los intercambios políticos que hemos mantenidos este último año, que sean nuevos y mejores motivos para los desafíos de unidad que tenemos por delante.
24/1/2015
Autodeterminación y Libertad

4 de Respuestas

  1. Marcelo Burgos dice:

    La lucha autogestionaria que dentro de mi se desarrolla desde hace mucho tiempo, hace paralelismo con los párrafos de esta respuesta. Participar y hacer participar a todo aquel que lo desee de este movimiento, es una fuerza embrionaria que crecerá lenta pero firmemente. Gracias por permitir un espacio para expresar nuestros humildes pensamientos.

  2. costa maría antonia dice:

    estoy totalmente de acuerdo. los apoyo.

  3. luis dice:

    Total acuerdo con lo planteado y hay que profundizar y discutir en el buen sentido.

  4. Mirian dice:

    Me resulta muy difícil seguirles el hilo del discurso. Me pierdo ante tanto contenido, tantas palabras y esas frases largas, sin comas ni puntos. Siento que esto no es para mí, que me excede, que me falta conocimiento y que no estoy a la altura… Entonces me fatigo y finalmente desisto. Tendré que hacer un esfuerzo y volver sobre el tema pero, mientras tanto y a modo de crítica constructiva y respetuosa, ¿qué tal si intentan ser más concisos, un poco más sintéticos y llanos? sobre todo teniendo en cuenta que lo que se pretende es incluir sin dejar ni perder a la gente por el camino.

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