REFLEXIONES ALREDEDOR DE LA CRISIS POLÍTICA, ECONÓMICA Y SOCIAL EN VENEZUELA

*Por Fernando Vilardo (Legislador CABA e integrante de Autodeterminación y Libertad)

Una foto que duele…

Si uno mira la foto hoy de Venezuela observa un país atravesado por una crisis humanitaria profunda. Un país devastado por el hambre y la pobreza. Según el Instituto Nacional de Estadística en 2015 la pobreza habría sido del 33%, pero existen fuertes indicios de que el gobierno estaría subestimando esas cifras ya que, según algunos estudios de diferentes universidades del país, la pobreza comprendía el 73 % de los hogares en 2015 y habría alcanzado el 82% en 2016. En Venezuela faltan insumos básicos y medicamentos esenciales. Y se necesitan no menos de 17 salarios mínimos para comprar la canasta alimentaria básica. La pregunta más elemental que uno podría hacerse frente a este semejante cuadro es ¿Adónde fueron a parar los miles de millones de dólares que ingresaron durante tantos años como producto de los altísimos precios del petróleo? ¿Qué tiene que ver todo esto con el ideal de una sociedad socialista? Dos preguntas que tienen una respuesta que las atraviesa: esos miles de millones de dólares, una riqueza generada por todo el pueblo trabajador venezolano, no fueron a parar a mejorar las condiciones de vida del pueblo, no fueron invertidas en desarrollar las condiciones materiales sobre las cuales poder edificar un proyecto de país estructuralmente diferente, sino que fueron a parar a manos de empresarios parásitos que han vivido de la especulación y de la renta petrolera. La llamada boliburguesía es la burguesía chavista. Dicho así, sin eufemismos. Empresarios que vivieron de comprar barato afuera (con los dólares subvencionados que les da el mismo gobierno) y vender caro en el mercado local. Esto explica la carestía de las mercaderías. A pesar de que el gobierno no presenta cifras oficiales, se calcula que la inflación en 2016 habría superado el 750%. ¿Conclusión? El pueblo paga cada vez más para que los empresarios llenen sus bolsillos y luego se lleven la plata al exterior. Entre los años 2003 al 2014 la sumatoria de las Transferencias al extranjero fue de 295.341 millones de dólares, unas 20 veces las Reservas Internacionales que Venezuela tenía a principios del año pasado. O para dar otro ejemplo. Durante todo el 2011, año donde el esplendor rentístico hizo un pico, la salida de capitales alcanzó los 36 mil millones de dólares, mucho más que la deuda externa de Venezuela en el año 2000, tiempos en el que comenzaba la experiencia chavista . La pregunta vuelve: ¿qué tiene que ver esto con el socialismo? Nada. Mucho menos si uno agrega que la economía venezolana, luego de 18 años de gobierno bolivariano, sigue estando fuertemente concentrada y extranjerizada. Los bancos y el comercio interior continúan en manos de empresarios con enorme poder de fuego e impacto social (el desabastecimiento general es una clara muestra de ello).

Una película que enseña…

Se suele señalar muchas veces, y con razón, que los caminos de “transformación” no son sencillos, que existe una relación de fuerzas compleja y que enfrente existen actores muy poderosos. Efectivamente. Enfrente están las fuerzas políticas vinculadas a un sector muy importante del empresariado apoyados por el imperialismo yanqui. Aquellas que en el 2002 intentaron llevar adelante un Golpe de Estado solo impedido por una impresionante movilización del pueblo pobre venezolano. Fuerzas políticas que pertenecen a los sectores más conservadores y reaccionarios para los cuales nada que huela a retórica antiimperialista o “populista” pueden digerir. Fuerzas políticas vinculadas a grandes poderes económicos que, a pesar de que nunca dejaron de beneficiarse y acumular ganancias, no le perdonan al gobierno que una parte de la renta petrolera se haya utilizado en unas limitadas políticas sociales. Allí enfrente están Lopez y Capriles como personificación de lo peor de la dirigencia política venezolana. Y por supuesto, el Imperialismo detrás. Precisamente la pregunta entonces que debemos hacernos es: ¿dónde se encuentra ese contra-poder capaz de enfrentar al enorme poder de la burguesía venezolana e imperialista?

Esta película comenzó a partir de un proceso sumamente rico en luchas y movilización popular, un proceso que se inició allá por el 89 con el caracazo. Tuvo un capítulo que demostró la enorme potencialidad que tiene el pueblo cuando lucha y pone el cuerpo: fue allá en el 2002 cuando impidió el Golpe de Estado oligárquico y proimperialista. Una película que en su desarrollo mostró un riquísimo, aunque embrionario, proceso de auto-organización y de construcción de poder popular desde abajo; una lucha en cuyo horizonte aparecía la necesidad de construir una sociedad socialista ¡Cómo no entusiasmarse con aquél proceso embrionario! ¡Aquí está la potencialidad, las fuerzas subterráneas capaces de construir una verdadera alternativa política, desde abajo y obrera!

Sin embargo, ese rico proceso por abajo fue una y otra vez obstaculizado desde arriba. O dicho de otra manera: institucionalizado. El gobierno creó el cuarto poder: el Poder Popular. Y esto lo hizo con una claro y único objetivo: impedir el desarrollo de un verdadero auto-gobierno. La ingeniería de poder del Estado Bolivariano solo admitía -¡y sigue admitiendo!– un exclusivo ámbito de decisión política: el mismo Estado y sus instituciones. En algún momento ese poder lo personificó Chávez y sus acólitos. Hoy es Maduro y un cúmulo de arribistas, mafiosos o empresarios (o una combinación de todo eso junto). El resultado más o menos sigue siendo el mismo, el de abortar cualquier proceso de auto-emancipación y de lucha anti-capitalista. El movimiento obrero y popular no tiene hoy un rol protagónico. Y nunca lo tuvo. Nos referimos al único sentido que es posible hablar de “protagonismo” que es…decidiendo. El pueblo trabajador venezolano nada decide. La capacidad de auto-organizarse de lxs trabajadorxs ha sido bloqueada sistemáticamente por el Estado chavista. Hasta incluso con represión. No se ha abierto allí ningún proceso de control obrero de los principales resortes de la economía que, muy por el contrario, siempre estuvieron en manos privadas. La falta de transformaciones económicas e institucionales le da el marco a los terribles hechos que hoy ocurren en Venezuela.

…y un final que dependerá de la lucha de lxs de abajo

En los últimos días la crisis política en Venezuela entró en una nueva fase. Semanas atrás, el Tribunal Supremo de Justicia ordenó quitarle las funciones parlamentarias a la Asamblea Nacional para ser ejercidas por una Sala del mismo Tribunal. Todo esto luego de que en agosto del año pasado el TSJ declarase a la Asamblea en desacato debido a la jura de tres diputados opositores que habían sido prohibidas por el mismo Tribunal. Todo esto generó una condena general, nacional e internacional, que obligó al gobierno de Maduro a retroceder y devolverles las competencias a la AN. Pero de cualquier manera el daño ya estaba hecho, y la frágil situación social y política dio paso a una gran cantidad de estallidos sociales en rechazo al gobierno, de los que se ha montado un sector importante de la dirigencia opositora.

El hecho en sí mismo puede hasta resultar anecdótico en el marco de lo que empieza a hacer un desenlace trágico. Hay que tener en cuenta que independientemente de la resolución del fallo del TSJ, la dinámica represiva y autoritaria del gobierno no se detiene. El crecimiento del rol de las Fuerzas Armadas se verifica tanto en el Estado (11 ministerios están en manos de militares) como en la economía (dirigiendo y controlando una serie de empresas como el banco BANFANB; AGROFANB, de agricultura; EMILTRA, de transporte; EMCOFANB, empresa sistemas de comunicaciones de la FANB; TVFANB, un canal de TV digital abierta; TECNOMAR, empresa mixta militar de proyectos de tecnología; FIMNP, un fondo de inversión; CONSTRUFANB, constructora; etc.). Como tampoco se detiene la marcha de una economía cada vez más privatizada, a punto tal que la resolución del TSJ respecto a la disolución de facto y anticonstitucional de la Asamblea Nacional contenía un apartado del que se ha hablado bastante menos: el de otorgarle autorización al presidente Maduro para constituir empresas mixtas de gas y petróleo, sin tener que contar con la aprobación parlamentaria.

Es por todo esto que solo la lucha del movimiento obrero y popular podrá lograr encauzar la realidad venezolana en un sentido auto-emancipatorio. Avanzar en un sentido que permita quitarle poder económico a las empresas, bancos y a los dueños de la tierra. Para que los trabajadores y trabajadoras allí en Venezuela, a través de sus consejos y del control obrero de la producción, sean el vehículo para la construcción del socialismo.

Así, la crisis política, económica y social en Venezuela permite extraer dos conclusiones difíciles de objetar. Uno, que la única salida viable que tiene el conjunto de lxs explotadxs en el mundo sigue siendo la lucha por el socialismo. Dos, que esa lucha debe tomarla en sus propias manos el movimiento obrero y popular, desde abajo y dando una pelea política y contracultural que coloque toda su rebeldía colectiva al servicio de desmontar el andamiaje tradicional de construcción de poder vertical, desde arriba, y amarrado a la figura de líderes, caudillos o a partidos dirección.

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1 Respuesta

  1. Julián dice:

    Excelente Fernando . Un abrazo y siempre firme junto a ustedes difundiendo la filosofía de Autodeterminación y Libertad .

    Un gran abrazo .
    Julián

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